Agustín, un hombre de campo, es irrumpido de su soledad en su casa con la llegada de su hijo, Luis, quien trae consigo el cadáver de una mujer. Agustín, tiene el dilema de si ayudarlo o no, pero se queda callado. Al ver a Luis dando de comer a los cerdos trozos del cuerpo de la mujer lo que le hace entrar en un estado de pánico, asqueado y arrepentido, Agustín intenta convencer a Luis por última vez. Discuten y Luis se retira. Agustín confiesa a la policía un homicidio que acaba de cometer su hijo y otro perpetrado por él en el pasado.