Samuel vive atormentado por una presencia que ha invadido su vida. Al retomar su terapia con Amparo, intenta verbalizar sus experiencias y deja en el aire una pregunta: si algo usara su rostro, ¿alguien notaría la diferencia? Mientras la psicóloga busca explicaciones racionales, Samuel sabe que el tiempo se agota. Convencido de que no hay salida, regresa a su hogar para sellar su destino, solo para descubrir que la presencia no está dispuesta a concederle ni siquiera esa última elección.